El orador que interpreta la mejor versión de sí mismo

Dice Sam Leith en su brillante libro «¿Me hablas a mí?» que el gran valor como líder político de Winston Churchill fue lograr unir a su país en el peor momento de su historia: la Segunda Guerra Mundial. Churchill lo consiguió a base de una valiente y tenaz política, pero también a través de unos discursos auténticamente motivadores, en los que su voz lo era todo. Porque en aquellos días, su voz sabía a esperanza a través de las ondas de la emisora de radio BBC. Y es que Churchill demostró que sólo comunicando con su voz, comunicaba con todo su ser

Cuando exponemos en público, debemos ser conscientes de que comunica más cómo decimos nuestros mensajes, que nuestros mensajes en sí. Que nuestra manera de movernos, gesticular, hablar, e incluso mirar, transmite mucho más que nuestras palabras. Es decir, que la comunicación NO verbal prioriza sobre la verbal. 

Cinco maneras de mejorar tu comunicación no verbal

 

1. Mira a todas las personas que componen tu audiencia. Una mirada antes de comenzar para encontrar aprobación, apoyo, expectación e interés. Y durante toda tu presentación no dejes de mirar a todos. Nunca mires al techo ni al suelo. Tu objetivo es conectar con la audiencia que está delante de ti. 

2. Idea un plan para tus manos. Son la parte de nuestro cuerpo más vulnerable a mostrar nuestro nerviosismo o inquietud. Por eso, practica tu presentación en público tratando de mover tus manos de una manera natural y que te ayude a enfatizar tus mensajes, huyendo de manos en los bolsillos, aspavientos y agarrar hasta casi hacerte sangre cualquier objeto que tengas a la vista. 

3. Espalda recta, hombros bien colocados. Una postura ergonómica para tu cuerpo, sin forzar, que transmita seguridad y te permita, además, controlar mejor tu respiración. 

4. Haz de tu voz tu aliada. Enfatiza, remarca, acelera y para para coger aire. Todo es posible con tu voz. Lo único que no está permitido es que utilices un tono monótono, aburrido, carente de pasión alguna o que hables tan rápido que sea imposible seguirte, un fallo muy habitual en el 90% de los oradores. 

5. Sonríe, siempre sonríe. Tu cara no es solo el espejo de tu alma, es el reflejo de tu ilusión y confianza en que lo que estás contando es lo que tu audiencia necesita oír. Que tus expresiones sean sinceras para que tu público se contagie de tu entusiasmo como orador por estar en ese momento y en ese lugar con ellos y con nadie más. 

En definitiva, como un gran actor con mucha preparación y un gran esfuerzo detrás… Interpreta la mejor versión de ti mismo.

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